07
Sep
MOSTRA MONSTRUA (ACERCA DEL 71 FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINE DE VENEZIA)
- By artvandelay
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Nos embarcamos en un vaporetto para acceder a Lido, la isla donde la Mostra está montada, e inmediatamente ya se respira ese aire glamoroso que todo lo tiñe de gala y flashes.
Qué decir que no haya sido dicho en la instantaneidad de las redes sociales de los últimos días en esta edición de la Mostra Internazionale d’Arte Cinematografica que culminó este fin de semana. Que por momentos uno cree que está en un desfile de Pancho Dotto; que la gente se enloquece más por ver a «famosos» que a las películas en las que intervienen y, con respecto a lo programado en sus secciones; que hubo mucho tanque presente (en cuanto a estructura de producción se refiere). Películas de abordaje histórico con declamaciones que se esperaban corrosivas y que no lo fueron (Akin y su naufragio al tocar el tema de la masacre armenia); una bioepic magistral local (la vida del poeta italiano Giovani Leopardi) y algún osado (Gitai) que narra lo tantas veces narrado desde cierto cripticismo que vuelve a su obra tan original como díficil de decodificar. También hubo lugar para el cine de género: un aceptable western en el contexto de una convulsionada Argelia en los ’50 y un thriller psicológico con climas propios de los mejores exponentes y algunos momentos de gore un tanto gratuitos. Igual fue una fiesta más del cine de todos lados, excepto del de latinoamérica. Esto, para algunos, es síntoma de decadente y potenciado tributo al mainstream. En cuanto a óperas primas, presencia argentina del gran Lisandro Alonso en el jurado y sólo vimos una para el olvido (o para Mtv) que da cuenta del crimen organizado británico con moralina en formato videoclip. Aquí algunas postales y apreciaciones.

La cobertura periodística: estudios montados en la alfombra roja, palcos improvisados y fotógrafos francotiradores.

Toda una postal: el público le da la espalda a la pantalla para ver al ídolo sentarse en la butaca reservada con un papelito con su nombre. Abajo a la derecha, el ídolo. Ah, y la película … un muy bien logrado retrato de actor en caída libre interpretado por Al Pacino en «The humbling», de Barry Levinson.

«Ich seh, ich seh»; de Severin Fiala y Veronika Franz. Tormentosa relación madre-hijos en el aislamiento de una finca.

«Il giovane favoloso»; de Mario Martone. película sobre la vida del poeta y filósofo italiano Giovani Leopardi. Gran fotografía e impecable actuación del protagonista, Elio Germano.

Un tanque y un debut para el olvido: «The cut»; de Faith Akin y «Bypass» de Duane Hopkins. En algún momento parece que proponen algo pero caen en lo trillado hasta el hartazgo.
El galardón principal a la mejor película, el León de oro, fue para «En duva satt pâ en gren och funderade pâ tillvaron» (algo así como «Una paloma posada en una rama reflexionando sobre la existencia») de Roy Andersson. El de Plata al mejor director para Andrej Koncalovskij por «Belye nochi pochtalona alekseya tryapitsyna» («Las noches blancas del cartero»). Y el premio especial del jurado para el nuevo documental de Joshua Oppenheimer «The look of silence».














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